Piernas bionicas

El cordobés Juan Maggi caminó sólo una semana porque la poliomielitis lo dejó sin movilidad. Es el primer paciente del mundo en usar esta prótesis electromecánica.

Juan Maggi (51) ensaya cómo sentarse. Una paradoja. Pasó 50 años sentado. Sólo estuvo de pie una semana cuando tenía un año. La poliomielitis le quitó la movilidad en sus piernas y lo condenó a usar bastones y una silla de ruedas.

Hace un año se convirtió en el primer paciente en colocarse un C-brace en la pierna derecha, un sistema biónico que le permite volver a caminar. Y hace más de un mes recibió su segunda prótesis.

Sus piernas se mueven como las de un recién nacido. Cualquier movimiento que está ­mecanizado en nosotros, por ejemplo, sentarse, para Juan es un desafío.

“Ahora estoy en un 10 por ciento de utilidad de las piernas, mucho por miedo. Hay muchas cosas que puedo hacer pero no sé cómo hacerlas. Tengo que cambiar la cabeza. Hace 50 años que pienso que si piso con las piernas, me caigo”, dice.

En realidad, Juan nunca se quedó quieto. “A partir de los 37 años, cuando sufrí un infarto, comencé a usar la silla de ruedas para hacer deportes pero también porque el síndrome post-polio sigue afectando las fibras musculares”, cuenta.

Maggi es un avezado ciclista y esquiador con equipos adaptados. Ha participado en los Juego Paralímpicos en representación de Argentina. También ha corrido las maratones de Nueva York y Roma.

“No me pasé la vida buscando la solución. La gente se obsesiona, sobre todo, las madres de los niños con discapacidad. En esa obsesión perdés la vida. No soy feliz porque camine con piernas biónicas. La felicidad pasa por otro lado”, dice.

Hace un año pensó que era el momento de buscar una solución a su discapacidad y de casualidad encontró en Internet que la empresa Ottobock comenzaba comercializando los C-Brace. Fue volando hasta EE.UU. para comprarlo. Fue el primer paciente en tenerlo.

El C-brace tuvo nueve años de desarrollo y se probaron varios prototipos en pacientes. El primer modelo definitivo está en la pierna derecha de Juan.

Es más difícil resolver el problema en una persona que no tiene amputados los miembros. “En el miembro amputado el espacio no está y eso permite colocar el equipo ahí. Además, mi pierna no hace nada positivo, pero sí aporta aspectos negativos, por ejemplo, la dirección”, explica Juan.

A pesar de todos estos problemas, Juan fue evaluado por la empresa y determinaron que era un paciente ideal para usar el C-brace en su pierna derecha. A mediados de febrero se colocó el segundo, a pesar de que esta tecnología fue diseñada para usarse solo en un miembro.

Sus piernas biónicas le permiten caminar, aunque todavía necesita del bastón. Juan dice que llevará tiempo de entrenamiento pero también cambiar el chip en la cabeza.

“La gente cree que solo se trata de caminar, pero no es sólo eso”, asegura. Para Juan, lo más importante es estar parado. “Poder hacer cosas de parado como cepillarte los dientes, vestirte, cocinar, llegar a una reunión social y estar con quien querés”, enumera.

En un aparato biónico se unen la mecánica y la electrónica para simular actividades biológicas como las que realizan las piernas.

El aparato tiene un sistema de agarraderas personalizadas en el muslo, pantorrilla y pie, hechos de fibra de carbono ultraliviano. Fueron realizadas a partir de un molde de yeso y otro de acrílico para determinar los puntos de contacto del aparato con la pierna y así evitar molestias.

“Puedo andar hasta 24 horas con los aparatos. Es tanta la ventaja, que las molestias son pocas. Me molesta más la espalda porque pasé de ser cuadrúpedo a ser bípedo”, asegura Juan.

Un pistón hidráulico hace las veces de rodilla y una barra de carbono hace las funciones de pantorrilla. Varios sensores controlan en tiempo real la deformación que sufre esta barra para saber la fuerza que debe hacer el pistón.

También tiene un acelerómetro, como el que usan los celulares para cambiar la orientación de la pantalla. Mide la perpendicularidad del hombro respecto del suelo. De esta forma activa o desactiva el pistón.

“Sin las prótesis hago unos dos mil movimientos diarios y con los aparatos hago nueve mil movimientos. Sin esto, ­mis piernas no tienen vida”, con­fiesa Juan.

Las rodillas biónicas de Juan, son dos pistones hidráulicos, mientras que su pantorrilla es una barra de carbono. Varios sensores toman datos del comportamiento de este equipamiento y del entorno para ir ajustando el movimiento.

Modos. Las prótesis tienen varios modos, según el tiempo de actividad del usuarios.