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El día 2 de Enero parto desde la terminal Santafesina después de un abrazo con todos mis familiares y amigos, llegando a La Quiaca el día miércoles 3 después de 23 h. de viaje.
Sin darme cuenta mi sueño había comen-zado, y recién al llegar a destino y mirar el cartel de bienvenida tomé conciencia que me encontraba a punto de comenzar una nueva aventura.
Me alojé en Gendarmería Nacional durante las dos primeras noches. Recorrí toda esa hermosa localidad y tuve la suerte de poder cruzar a Villazón (Bolivia). Conocí a muchas personas que viajaban de mochileros al Machu Pichu con los que compartí lindos momentos.
Al conocer  las carencias de la gente del lu-gar aprecié un poco más la forma de vida que llevamos, pero sin lugar a dudas que nos ganan con su tranquilidad y honestidad. Esa gente desconoce el stress, hipertensión, y todos los problemas típicos de la sociedad en que vivimos.
El Jueves 5 comencé a pedalear, paraba a cada instante para sacar fotos y apreciar el paisaje, que por más árido que sea sus llamas, vicuñas y las casitas de adobe le dan un marco natural digno de apreciar.
En la provincia de JUJUY recorrí localidades muy hermosas como Humauca, Tilcara, don-de viví la fiesta de Reyes. En las calles se hacen procesiones con coloridos atuendos y danzas típicas. Nadie parece faltar a todas estas celebraciones que no han perdido vigencia. En Tilcara conocí a Adrián, un rai-dista que me acompañó hasta el fin de su travesía en su Salta natal.
Más adelante, en Purmamarca visitamos el cerro 7 Colores, que más que un cerro pare-ciera ser una gran pintura que deslumbra con  su colorido... y San Salvador con su calidez humana. Después de un almuerzo en la casa de José Luis, un nuevo amigo que conocí en el micro seguimos viaje.
Salta también me maravillaría con sus pai-sajes como lo fue apenas salimos de San Salvador por el camino de cornisa, llegando de noche y bajo agua a  La Caldera. Ya en Salta Adrián me llevó a conocer la capital y después de almorzar en su casa y cambiar la cubiertas por las de calle, me despedí y seguí viaje.
Esa tarde llegué hasta La Viña, un pequeño pueblito, pasando la noche en su iglesia. Al día siguiente uno de los mejores paisajes en el que el viento y los años fueron los en-cargados de esculpir los cerros, dándole for-mas que con un poco de  imaginación se puede apreciar hermosas figuras.
En Cafayate mi amigo Sacha Haro me lo-caliza y me lleva a su casa, al llegar también conozco a Gustavo Nasser , quién me regala un jersey,  un gesto de amistad que nunca ol-vidaré. Pasamos unos lindos días en el que compartimos un rico asado, que por ser Santafesino me tocó asar.
Ya en la provincia de Tucumán visité las ruinas de Quilmes y al salir del lugar me perdí y fui a parar a Santa Marçia en Catamarca.
Después de un bajón anímico remonté lle-gando a Amaicha del Valle.
Al día siguiente tuve que subir hasta El Iinfiernillo, pasando por Tafí del Valle para después comenzar un hermoso descenso por la selva tucumana y llegar a San Miguel ,en el que la visita obligada fue la Casa de Tucumán. Estar en ese lugar histórico que sólo conocía por figuritas del colegio primario me hizo sentir muy feliz, fue darme cuenta que de a poco voy conociendo todos esos
rincones maravillosos de nuestro país que muchos de nosotros no conocemos.
Un paso rápido por las Termas de Río Hondo en la provincia de Santiago del Estero, para llegar a la casa de Ricardo en la capital de dicha provincia. Pasé un hermoso fin de semana con él y el "Cone", otro amigo que me espera en Córdoba.
Mi día más duro fue el Lunes 15 en el que tuve que atravesar la salina de Ambargasta. Unos 150 Km. En los que sólo se ve sal. Comencé a pedalear a las 6.00 AM. Y enseguida el calor se adueñó de la ruta, como si fuera el único que puede estar en ese lugar durante el día "prohibiendo" el paso de todo tipo de vehículos. Ricardo me había advertido, por lo que cargué dos botellas descartables sumando así un total de 7 litros de agua. Paré en el único árbol a las 10.45 h. En el que quise dormir un poco pero no pude porque unos bichitos me molestaban y después de un rato de espantarlos me fijo a ver que es y me encuentro con la grata noticia que tenía las piernas llenas de garrapatas, así que tenía que tener cuidado que no me alcancen la cabeza. Reanudé el pedaleo llegando a Villa Ojo de agua  a las 19.15 h. Hablé con mucha gente, fui a la iglesia y el sacerdote no me daba alojamiento (muy raro) porque por lo general te atienden bien. Ya no sabía donde ir a dormir hasta que un pibe de 15 años me lleva a su casa. Cuando ya de noche voy al baño me encuentro con la grata compañía de una tierna garrapata que me parecía susurrar en
mi oreja, la había tenido prendida durante todo el día, ¿Qué habrá pensado toda la gente con la que hablé?.
La salida del noroeste se hizo notar, cam-biando notablemente el clima y la vege-tación, ya no sufriría los 48 grados que hacía en Santiago.
Al entrar a la provincia de Córdoba visité el Cerro Colorado, y la morada del Gran Atahualpa Yupanqui ¡Cómo no se va a enamorar Don Ata con semejante paisaje y el canto de calandrias y zorzales!
Después de disfrutar ese lugar, no tan explotado por el turismo llegué a Jesús María, quedándome en el club Alianza en el que fui muy bien recibido por mis colegas profesores. En el lugar tuve la posibilidad de dar una charla a los chicos de la colonia de vacaciones que muy atentos escucharon mi relato.
Después de pasar una noche emprendo mi viaje hacia la ciudad de Córdoba, pasando un fin de semana en casa del "Cone". Fue muy lindo porque gracias  a el conocí toda la ciudad. Me llevó a un comedor que ni contar todo lo que comí (era diente libre). Después de un gran abrazo emprendo mi viaje en su etapa final por la ruta Nº: 19, temida por los ciclistas por su peligrosidad al ser muy angosta.
Llego a San Francisco dispuesto a pasar unos días en casa de un amigo pero al no estar tengo que llamar por teléfono par adelantar la fecha de llegada, sólo paso una noche y enseguida sigo viaje. En esa ciudad
no hay camping y los imponentes paisajes se han terminado. Mi última noche la paso en Sa Pereira, ya en mi provincia de Santa Fe. A la mañana siguiente emprendo mi última mañana de viaje, sólo me separan 68 Km. de mi querida ciudad. Pensé que era el último día, la última vez que me calzaba los za-patos, me ponía la calza y el jersey, esa no-che estaría durmiendo en mi cama. No lo podía creer, todo terminaría dentro de pocas horas. No hay más viento fresco de las mañanas norteñas acariciando mi rostro, ni la mano extendida de un niño pidiendo un dulce, o el estrechar fuerte de manos de un nuevo amigo... pero esa magia no se per-dió... seguro la encontraré sobre el camino, en una nueva aventura...
La llegada
Salieron Al encuentro un grupo de ciclistas y amigos, escoltándome los últimos 10 Km. Hasta la plaza principal en la que me estaban esperando toda mi gente.
Terminé con los brazos en alto escuchando las bombas de estruendo y agradeciendo a todos por estar en ese lugar. Fue la primera vez que los medios de comunicación es-tuvieron presentes. Todo un logro que se los debo en gran parte a mis sponsor, familiares y amigos que con su apoyo hicieron posible que mi sueño sea hoy realidad porque sin ellos, todo hubiese quedado en un sueño por cumplir y nunca se hubiera convertido en anécdotas por compartir...
 
Ulises Luna - Santo Tomé, Santa Fe
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