


























Hay momentos en la vida que te marcan y hacen que algunas cosas no vuelvan a ser como antes.
La experiencia de haber corrido por primera vez un maratón, el Maratón de Buenos Aires, es uno de esos momentos que dicen que antes eras atleta y ahora sos maratonista. Ya está: ya corrí 42 kilómetros sin parar desde el sur hasta el norte de la ciudad de Buenos Aires. Y lo que parece increíble para mucha gente: disfruté cada metro que corrí.
Disfruté esperar la largada en los pocos rayitos de sol que subían la sensación térmica de 4 a 5 grados a las 6.30 de la mañana: correr en musculosa y calzas cortas en esas condiciones hace temblar al más duro. Pero luego de una entrada en calor y el "amuchamiento" de los minutos anteriores a la cuenta regresiva, uno se siente bien y preparado para iniciar la marcha.
En mi caso, el objetivo era poder bajar la marca de las 3 horas, meta que para cualquier debut puede ser algo ambiciosa. Pero con seis años de experiencia en triatlones y una marca de media maratón de 1 hora y 24 minutos (registrada en la última celebrada en Buenos Aires), era posible. Sólo necesitaba un poco de suerte y acertar con la estrategia de carrera.
También disfruté la largada, que se hizo de manera muy ordenada, ya que al no haber tanto inicio veloz por la distancia que se encara, los que empujan y los apurados por adelantar gente no son tantos.
Unos kilómetros por las calles de la zona y a subirse a la autopista. Ya sobre ella me di cuenta de que era un placer correr por ahí. El pavimento estaba en perfecto estado, sin una arruga, con las subidas progresivas y lo suficientemente largas como para no
caerse demasiado en el ritmo y recuperarlo en la bajada siguiente. Ahí lograba pasar la marca de los 10 kilómetros en 41 min 43 s, es decir, un promedio de 4 m 10 s por kilómetro. Disfruté muchísimo, contrariamente a lo que esperaba, los casi 10 kilómetros recorridos sobre la altura de la ciudad.
Qué placer es hacer una carrera en la que podés ir conversando con tus compañeros de ruta, ya que los primeros 12 o 15 kilómetros son realmente una corrida aeróbica y de fondo con tus amigos. El pulso es bajo, los dolores todavía no aparecen, el ritmo de las piernas se mantiene constante, no hay apremios que exijan tu concentración ni un gran esfuerzo. Hasta ahí... todo es conocido. Tomar agua, Gatorade, tal vez comer algo liviano.
Entonces bajamos de la autopista. Junto con Pablo, que desde el kilómetro 12 me seguía con su bici, cargado con mis provisiones de bebida y comida planeadas, tomamos la calle Carlos Pellegrini y encaramos el segundo tercio de la carrera. Necesité detenerme en un baño unos segundos, para continuar mi marcha con mayor comodidad.
Se disfruta mucho correr por una calle que parece un tubo: la copa de los árboles por encima y la gente gritando y aplaudiendo a
los costados. Se concentra la energía tanto de los corredores como del público. Y la energía se transmite.
La carrera todavía parecía un misterio. "Me dijeron que correr maratón era duro... ¿cuándo va a empezar a doler?", pensaba yo cuando bajaba de la Plaza de Mayo para tomar Paseo Colón hacia la Boca. Y al completar la media maratón, todavía el dolor no aparecía... aunque la carrera de a poco empezaba a ser cada vez más dura. Mantener el ritmo que me había hecho lograr la marca de los 21,097 kilómetros en un tiempo casi exacto de 1 h 29 min se volvía cada vez más complicado. Pero seguía adelante con el mismo paso, lo que aumentaba mi disfrute.
Había logrado mejorar el ritmo y por ello empezaba a aparecer lo que tanto esperaba: los dolores de piernas. Ya estaba corriendo a un promedio de 4 min 08 s los mil metros cuando en el kilómetro 26 los dolores en ambos cuádriceps me decían que empezaba a sentir lo que una maratón realmente te hace sentir: que se sufre y que duele. Y disfruté mucho ese momento. De ahí en adelante, tenía que ver de qué estaba hecho, qué estaba dispuesto a hacer.
Es maravilloso mantener el ritmo y luego del
kilómetro 32 acelerarlo hasta alcanzar los 4 minutos por kilómetro. No sólo mantenía la velocidad, también los dolores de piernas, que me seguían como amigos fieles.
Hablando de amigos fieles, a la compañía de Pablo se sumó la emoción enorme de ver aparecer a mi amigo Matías, para acompañarme a pie los últimos 10 kilómetros. Fue maravilloso y el disfrute fue total al ver cómo pasaban números cada vez más grandes 35, 36... sólo quedaban 6 kilómetros cuando unas ganas enormes de caminar se colgaban de mi espalda. Se sumó también mi gran amigo Mariano. Un poco de barra de cereales y unos tragos de coca cola bien fresca hacían más placenteros (o menos sufridos) los últimos minutos de la carrera. Dolían, y cómo, las piernas; dolían las ganas; el ceño, de tanto fruncirlo por los otros dolores, también dolía.
Llegando al kilómetro 40, decidí aliviar un poco la presión de mi abdomen y usé los últimos baños de la carrera, sabiendo que el objetivo de bajar las 3 horas estaba casi consumado. Quería disfrutar a pleno los últimos 2 kilómetros de mi primera maratón. Luego de 4 min 17 s llegué al kilómetro 41, e inexplicables fuerzas que suben desde el alma me hicieron subir el ritmo y recorrer en unos desconocidos 3 min 54 s los últimos mil metros hasta el kilómetro 42.
Y a esta altura, el mejor de los calambres... el de la sonrisa interminable que hace creer que tu cara se estira. El mejor de los temblores... el que hace tambalear toda la dureza del corazón y te lo ablanda, y a la vez te lo hace estallar de alegría al ver y oír a tu viejo y a tu hermanito gritar con una admiración incomparable. La mejor de las hidrataciones, la de las lágrimas que se te escapan sin intentar reprimirlas, porque te las ganaste.
No hay sufrimiento en ese momento, sólo placer y emoción, la emoción de sentir que hace 2 horas 58 minutos y 7 segundos eras uno, y ahora sos otro.
El beso con mi mujer, con mi hijo, el abrazo emocionado de los tres. El alivio de descansar al cuidado de los que te quieren. El enorme agradecimiento a mis acompañantes de lujo, Pablo, Mati y Mariano. Gracias por bancarme en ésta. Ya lo saben, pero igual se los digo, que voy a estar, como siempre, para bancarlos en la que necesiten.
Gracias a todos los que me alentaron, me aconsejaron y me acompañaron en los entrenamientos. A todos, gracias. Y gracias a Dios, que suele tener la última palabra..
La villla turística de El Trapiche, fue el escenario del Final del Campeonato Nacional de Orientación y Aventura, Orientatlon 2007. Una verdadera fies-ta total, tanto por la excelente cantidad y calidad de competidores de toda Argentina, como por el clima, el paisaje exuberante de las sierras puntanas y el ambiente de camaradería deportiva especial que se percibe en los Orientatlones.
El día sábado los tramites de rigor, la charla de orientación para capacitar a los debutantes y la degustación de alfajores artesanales del Quebrada del Agua, cena de Carbohidratos en Hostería El parque y a dormir para la larga da. El domingo a las 6 h comenzó el evento, partiendo desde el complejo de cabañas Monte Tabor y aun de noche, los aventureros salieron en busca de los puntos que se habían distribuido entre la zona de Virorco y Rio Gran-de, abarcando un recorrido de mas de 40 Km. de un extremo al otro que debieron transitar en un tiempo máximo de 7 h. Competidores de elite, ma- dres con sus hijos, caminantes, aventureros, audaces, todo tipo de perfiles deportivos y no tanto, pudieron compartir una competencia que, desde el año 2003 se viene consolidando como una alternativa concreta en el mundo del deporte aventura. A las 13 h final de prueba, todos de regreso, cansa-dos pero muy contentos, hora de degustar vinos y champagnes de bodegas Mortarotti y unos ricos choripanes cortesía de Monte Tabor. Luego la entre-ga de premios de todo el campeonato, de la carrera en especial y la firme promesa de estar, en el 2008, corriendo o caminado por el campo guiándonos con un mapa y una brújula.
Con una remontada fenomenal en el sector del cerro y luego de sobreponer-se a algunos imprevistos Luciano Caracioli logró conectar a los punteros y disputar los ultimos metros con Gustavo Zabala y el "Ruso" Erripa atravezan-do primero el arco de llegada con escaso margen.
Una excelente cantidad de participantes, día soleado pero con mucho viento, el mismo trazado del año anterior y el entusiasmo de los participantes fueron el marco en el que se desarrolló el 4to. Rally de Mountain Bike en las Sierras de Tandil.
El inicio se dió a las 9:15 en la escuelita de Cerro El Centinela, donde se ubi-có adelante un grupo de veinte "candidatos" y unos metros mas atras el gran peloton de participantes. La largada fue limpia.
A pocos metros, Darío Martínez sufrió una rotura en su manubrio y como consecuencia una caida.
El primer cruce a la ruta 30, Miguel Hidalgo encabezaba la competencia seguido por un gran peloton de unos veinte a veinticinco corredores, entre los cuales se encontraban los de Yuyo: Zabala, Biga, Braida, los hnos. Barreyra junto a Caracioli, Erripa, Santos, Eduardo Perez, los de Tres Arroyos Barbieri, los Aristain; los locales Grassi, Castro, Chiacchio, Silva, Cuestas, Prioletto. Tambien los juveniles Moraguez Menna y Romero; Mendia, Arlandini, Sottile y Menini entre otros.
La carrera se desarrolla sin inconvenientes y los ciclistas avanzaban sobrepa-sando los principales puntos del circuito como ser Cerro Leones, la cantera Federación, el Ojo de Agua, La Porteña,
La Elena y los Toboganes, mientras la punta alternaba posiciones y el peloton dominante de a poco se iba reduciendo en número.
Luego ingresaron al sector de cerro a traves de la Cantera Montecristo con su pronunciado ascenso hasta alcanzar los 387 msnm, donde el peloton puntero era de unos 6 integrantes.
Luego de un descenso divertido y placentero, a traves del campo de Casanovas, los bikers ingresaron al duro Valle del Picapedrero con su camino serpenteante, alcanzando allí su punto culminante detras del cerro La Aurora.
Despues de atravezar el campo del Aleman, los ciclistas abandonaron el sector de sendero para encarar el tramo final hacia la meta arribando al pinar de El Centinela donde los esperaba el arco, la medalla y la alegria de haber culminado con exito esta dura prueba.
La rama femina tuvo una lider indiscutida, Jacqueline Brugnoli quien empleo 2.13.55 h para cubrir el duro trazado propuesto.La siguieron Maribin Berruti, Mariela Palumbo y la local Fernanda San Martin con excelentes performances.