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La
expectativa de los días previos estaba centrada en si la
lluvia pronosticada para el sábado previo haría suspender la
carrera. Ese mismo día, un mail de la organización nos
anunciaba que la lluvia caída “le hizo bien al terreno y al
circuito”, claro que no hablaba de cuánto “bien” le haría
a
nuestras piernas.
Luego de un ameno viaje con Ariel Macedo, Adriana Silva y mi
mujer Fernanda Jatón, en el que sólo faltó el mate,
llegamos a Mercedes donde, gracias al plano que colgaron en la
página y al GPS de Ariel, no nos costó ubicar el parque.
Con tiempo de sobra, retiramos el kit, saludamos a los
amigos, alistamos las bicis y comenzamos a girar. Ahí estábamos
con Daniel Campodónico, un excelente compañero de carreras,
disfrutando de una mañana perfecta para rodar.
Minutos antes de largar, tuvimos el privilegio de compartir un
rato con Maribín Berruti y Francisco Cajén, quienes con sus
consejos y la tranquilidad que transmitían, apagaban
cualquier ansiedad que pudiera tener antes en esos instantes
previos.
Largamos rápido y enseguida nos encontramos con barro y un
terreno bien pesado que provocó incluso alguna caída y que
empezaba a comer piernas desde temprano. Luego de estos
primeros kilómetros trabados, el terreno se puso más firme y
disfrutamos de un viento de cola que entusiasmaba e invitaba a
acelerar. Así fuimos hasta la mitad exacta del circuito, en
el km 28, donde inmediatamente después del puesto de
hidratación, al tomar la curva, el viento que nos venía
favoreciendo hasta ahí, se transformaba en una pared a
superar. Comenzaba otra carrera donde sumarse a un pelotón
era condición indispensable para mantener un ritmo decente.
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El
cansancio y la inexperiencia me jugaron en contra y esa
segunda mitad de la competencia la hice casi todo el tiempo en
solitario. Si me sumaba a un grupo, no me duraba mucho porque
eventualmente los perdía y ya no conseguía alcanzarlos
nuevamente, sin importar el esfuerzo que hiciera. Ahí quedaba
molido y cuando me pasaba el siguiente grupo, no tenía
fuerzas para seguirles el ritmo.
Faltando unos 15 km el barro y el viento en contra eran obstáculos
de importancia y la velocidad bajaba: 20, 19, 18, 17 km/h!!!
Afortunadamente, pude incorporarme a un pequeño pelotón con
el que hice un buen trecho y eso me permitió acelerar y aún
así llegar con algo de resto al final de la carrera. Nunca
había hecho esa distancia, ni había rodado en esas
condiciones, por lo que terminé muy contento con mi humilde
performance, y especialmente feliz por el 6º puesto en su
categoría que logró Daniel, un logro más que merecido.
Satisfechos y con ganas de más, nos espera un invierno a puro
entrenamiento para llegar bien a la próxima cita de esta
apasionante carrera, el 27 de septiembre en Saladillo.
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