Mucho más común de lo que nos imaginamos fue la práctica de los maratonistas de tomar brandy y champán como bebidas energéticas. Esta es la historia.

El deporte siempre se ha beneficiado de la tecnología, desde los artículos propios de las disciplinas, como ocurre en el Mundial de Rusia 2018, en donde los avances tecnológicos han alcanzado incluso al balón; pero también en otros aspectos como la mejora de las canchas y pistas, los avances en cuanto a ropa y calzado o cuestiones directas con los atletas, como la alimentación, el entrenamiento, la hidratación, recuperación, así como la reducción y tratamiento de lesiones.

La historia de la maratón es fascinante. Esta prueba tiene un papel esencial en los Juegos Olímpicos por tal motivo con ella se cierran las ediciones cuatrienales. También existen diversas ediciones alrededor del mundo en donde los mejores corredores de resistencia se dan lugar no sólo para conquistar los primeros puestos sino por la satisfacción de terminar esta difícil prueba.

Hoy en día nos puede resultar muy familiar la imagen de un maratón: cientos de corredores reunidos en la salida, hombres y mujeres salen al sonido del pistoletazo y así comienza el recorrido de los 42,195 metros que tienen por delante. Dos horas más tarde los mejores corredores comienzan a llegar a la meta. Durante esta travesía se puede ver de todo: atletas que no logran superar el llamado “muro de los 30 kilómetros”, atletas que siguen adelante y su perseverancia y resistencia los lleva a superar a sus adversarios. También hay participantes que abandonan la carrera y otros que, tras pasar por los puntos estratégicos de hidratación, siguen adelante.

Lo cierto es que los maratones nos siempre fueron así, incluso fue el lienzo de prácticas sorprendentes. Aunque la prueba de la maratón se remonta a los antiguos Juegos Olímpicos, las mujeres no participaron de forma oficial sino hasta 1967, cuando Katherine Switzer corrió el famoso Maratón de Boston, una de esas mujeres que cambiaron la historia para siempre.

Otra asombrosa práctica fue la de dar de beber a los atletas bebidas alcohólicas como brandy, champán o vinos espumosos en general, algunas veces adicionados con otras sustancias como estricnina, heroína o cocaína. Esto que en la actualidad nos puede parecer una locura era una práctica común y se dice que cada entrenador tenía su propio —y secreto— coctél para sus atletas. La estricnina, por ejemplo, es un alcaloide de la nuez vómica que se utiliza actualmente como pesticida para ratones y pequeños vertebrados, pero que fue utilizada como estimulante para los deportistas durante finales del siglo XVIII y las primeras dos décadas del siglo XIX. En cuanto al alcohol, este no se dejó de usar hasta bien entrados los años setenta, incluso principios de los ochenta.

La razón de utilizar alcohol se debe al efecto estimulante y su alto contenido de azúcar. Una de las bebidas “deportivas” favoritas era el champán pues la efervescencia del mismo se consideraba rejuvenecedora y refrescante para los atletas. Además de todo los remedios y cocteles que se ofrecían a los atletas parecían funcionar, es famosa la ocasión en que el corredor griego Spiridon Louis completó el último tramo de la carrera en los Juegos Olímpicos de 1896 según esto gracias a un vaso de coñac. Thomas Hicks en la maratón de St. Louis 1904 sorbió regularmente cócteles casi mortales de estricnina, brandy y sulfato en claras de huevo. En 1908, el ganador del maratón de Chicago, el portero convertido en corredor, Albert Corey, le atribuyó su victoria al suministro constante de champán.

La dramática maratón de Londres 1908

Nadie ponía en duda que estas peligrosas mezclas funcionaran, incluso cuando hubo episodios en donde estuvo en riesgo la vida de los atletas. Como cuando el corredor sudafricano Charles Hefferon en la maratón de Londres 1908 había conseguido una amplia ventaja de cuatro minutos sobre el resto de los competidores, pero cuando le faltaban los últimos 3 kilómetros tomó un trago de champán y esto le costaría el primer puesto de la carrera.

Y es que Dorando Pietri en el kilómetro 39 alcanza a Hefferon quien sufría los estragos de la carrera y posiblemente de la “bebida energética”. Pietri sigue adelante en el último tramo de la prueba pero al entrar al estadio le sucede de todo: toma el sentido contrario de la pista y es víctima de la fatiga extrema, la deshidratación —algunos señalan que desorientación por el abuso de los famosos cocteles—. Cayó no sólo una vez sino cuatro ante la mirada atónita de miles de espectadores. Los jueces y médico lo asistieron y acompañaron a la meta pero esto le costaría el primer lugar pues la delegación estadounidense alegó que ganó gracias a la asistencia de estos. En segundo lugar llegó el estadounidense John Joseph Hayes.

Pietri fue descalificado y la tabla principal quedó así:
1er. lugar: John Joseph Hayes, EU
2do. lugar: Charles Hefferon, Sudáfrica
3er. lugar: Joseph Forshaw, EU

No todo fue en vano para Pietri pues se volvió una celebridad y la mismísima reina Alejandra le dio una copa de plata por su participación. Los otros corredores pasarían a la historia mientras por su cuerpo corrían aún restos de veneno para ratones, una que otra sustancia secreta y azúcar proveniente del cálido brandy y espumosa champán que tomaron durante la dura prueba de la maratón.