El ingeniero húngaro Istvan Varjas, considerado como el cerebro de la invención de ese método, en diálogo con Eurosport analizó el ascenso del estadounidense al Sestriere, en 1999: “Eso lo puedes hacer con ingravidez en la Luna, no en la Tierra”, resaltó.

La imagen de Lance Armstrong con los años ha ido decayendo. De ese ciclista imponente, capaz de hacer añicos cualquier ascenso con su bicicleta y que, a comienzos de la década de los 2000, dominó a placer el ciclismo mundial, ganando siete veces seguidas el Tour de Francia (única carrera grande en su palmarés), pasó a ser uno de los más odiados por confesar ante Oprah Winfrey haber utilizado métodos dopantes en las victorias que obtuvo en la ‘Grande Boucle’. Sin embargo, el exciclista siempre fue asociación con sustancias para mejorar el rendimiento. Lo único que hizo fue confirmar que esas especulaciones.

No obstante, los ojos del dopaje vuelven a recaer sobre el pedalista estadounidense. Esta vez no es por el uso de la hormona EPO sino por el dopaje tecnológico, ese mismo contra el que el francés David Lappartient, presidente de la UCI, está luchando sin cesar (esta semana anunció nuevos métodos para evitar esta modalidad en el ciclismo). El ingeniero húngaro Istvan Varjas dio unas declaraciones comprometedoras a la cadena Eurosport. (La UCI contra el fraude tecnológico: controlará las bicicletas con rayos X)

Varjas no tiene dudas de que Armstrong utilizó un motor en su victoria en la cima de Sestrieres el 13 julio 1999, el cual fue el primer gran triunfo en montaña para el pedalista estadounidense en el Tour de Francia. “Mueve las piernas a la misma velocidad, sea cual sea la posición, ya sea bailando en la bicicleta o sentado. Sentado en el sillín, lógicamente debería marcar una pausa, romper su ritmo de pedaleo, pero no lo hace, pedalea continuamente”, destacó el ingeniero al medio europeo.

En ese ascenso a la estación de Sestriere (en la frontera con Italia) a 2.035 metros de altitud, el rendimiento de Armostrong fue notable, su pedaleo incansable lo llevó a superar a todos. Según Varjas, el estadounidense habría promediado cerca de 590 vatios en la subida, algo que considera imposible sin dopaje tecnológico y que sólo ocurriría en la Luna. “Habría subido 200 marchas de 65 centímetros cada una, una vez por segundo. Esto lo puedes hacer con ingravidez en la Luna, no en la Tierra”, sentenció.

Istvan Varjas, quien es considerado como el cerebro de la invención del dopaje mecánico en el ciclismo, diseñó en 1998 un motor pequeño que puede esconderse dentro del marco de la bici. Aseguró que un comprador anónimo le pagó dos millones de dólares por su invención, a cambio de que no lo divulgara, no lo desarrollara, ni vendiera a nadie más. El húngaro afirmó que el motor pudo haber sido utilizado para engañar en las carreras de ciclismo, pero afirma que no es su culpa, alegando que lo habría vendido igual, aunque supiera que era para hacer trampas.

Este húngaro afirma que a los aficionados al deporte les costó años aceptar que se utilizaba EPO y con el tema de los motores en las bicis pasará lo mismo. Llevan utilizándose desde hace 17 años. Asegura que el nivel de evolución de estos sistemas es tan grande que los dispositivos ahora tienen el tamaño de una memoria usb de stick y van incorporados en los bujes de las ruedas. Estos dispositivos irían enlazados con el pulsómetro del ciclista y se activarían cuando el deportista alcanzará su umbral anaeróbico.

Sin embargo, hasta la fecha solo se ha comprobado un caso de ayuda de motor. Se dio en el mundial de Ciclocross sub 23. En la bicicleta de Femke Van den Driessch, una belga de 21 años, se encontró un motor que ayudaba a la ciclista. Fue suspendida por seis años.